
El llamado Grupo Local -formado por nuestra galaxia, Andrómeda y otras treinta más pequeñas- viaja por el universo a una velocidad de unos 600 kilómetros por segundo, en dirección al cúmulo de Virgo. Éste, con más de 2.000 galaxias, ejerce un gran tirón gravitatorio sobre nosotros, pero no es el único foco de atracción. En 1986 un grupo de astrónomos propuso una teoría al respecto que formulaba la existencia de una descomunal concentración de materia, una inmensa pared: El Gran Atractor o El Muro. Se trata de una gran concentración de galaxias, una de las más grandes del universo y se encuentra a una distancia de entre 150 y 250 millones de años luz. Tiraría de multitud de galaxias, incluida la nuestra. (No debemos preocuparnos, no nos estrellaremos contra El Muro, porque pese a que tira de nosotros, nunca llegaremos a alcanzarlo porque la fuerza de expansión supera a la de la gravedad). Pero, hay más, la Vía Láctea no estaría siendo atraída sólo por el Gran Atractor, sino por una región mucho más masiva que se encuentra tras él. Algunos científicos señalan que podría tratarse de la concentración de Shapley, una aglomeración de 17 cúmulos de galaxias a unos 490 millones de años luz en esa dirección, la estructura masiva más grande que se conoce (encabeza la lista de los 220 supercúmulos conocidos y se estima que es cuatro veces mayor que el Gran Atractor). Y más todavía: los astrónomos creen que podría haber algo todavía más masivo detrás de la concentración de Shapley, ya que ni ésta ni el Gran Atractor pueden explicar completamente el movimiento del Grupo Local, por lo que quizá haya que buscar una estructura aún mayor como responsable última de este movimiento.
De modo que somos el vagón de cola de un tren que tiene no sabemos cuántos vagones y que no sabemos a dónde va...
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